"Lo que se interpone en el camino, se convierte en el camino. "
Ryan Holiday
¡Hola, soy Isabel! Mi historia con la candidiasis vaginal comienza en el año 2008. En aquel entonces andaba muy desmotivada a nivel profesional. Mi vida laboral no era la que yo me había imaginado. Había estudiado CC. de la Comunicación y ejercido como operadora de cámara para informativos y editora de vídeo durante unos años. El estrés y la competitividad que el trabajo requería me superaba y lo dejé. Entonces, me incorporé a la empresa familiar, lo que me daba tranquilidad económica pero no satisfacía mis ganas de crecer.
A nivel personal, estaba algo deprimida y tenía una pareja con la que no me sentía feliz. No me cuidaba mucho y no hacía nada de ejercicio. Había perdido la confianza en mí. El letargo y el miedo me impedían moverme pero yo pedía a gritos un cambio, una transformación. Entonces fue cuando apareció la candidiasis. Pasaba los meses enferma, yendo y viniendo a las consultas médicas sin encontrar una solución. Con ayuda de una psicóloga dejé a mi pareja. Pasé unos meses malos hasta que conseguí recuperarme. En estos meses sin pareja, milagrosamente, la candidiasis desapareció. Disfrutaba de cierta tranquilidad.
Transcurrieron nueve meses hasta que conocí al hombre que es mi actual pareja. Me negaba a iniciar otra relación tan pronto pero así ocurrió. Fue comenzar la relación y la candidiasis no tardó en reaparecer. Esta pareja me importaba, era la persona con la que quería estar. ¿Por qué esta desdicha? ¿Por qué me pasaba esto a mí? ¿Por qué no podía disfrutar de mi sexualidad? La candidiasis aparecía siempre que estaba en pareja. ¿Qué suponía esto para mí? Aquí comenzó mi periplo y búsqueda incansable por restablecer mi salud.
Estaba desesperada por encontrar una respuesta. Cambié mi alimentación, empecé a hacer Pilates y comencé mis estudios de Medicina Tradicional China y Acupuntura. También asistí a sesiones con una psicoanalista durante algunos años. Durante este tiempo, la candidiasis disminuyó, ya no era tan recurrente pero cada cierto tiempo aparecía. Entonces fue cuando empecé a observarme: ¿cómo me sentía? ¿qué me estaba afectando?, ¿qué pensaba? Y claro, fue revelador. Me dí cuenta que mis pensamientos y emociones tenían casi más importancia que mi alimentación.
Me dí cuenta que un berrinche o un enfado hacían estragos en mí. Era un sentimiento muy visceral que no era capaz de controlar. A nivel químico algo se debía desajustar que provocaba casi de inmediato, al día siguiente: la candidiasis. A medida que fuí siendo consciente de mi descontrol emocional pude ir mejorando.
Pero no fue hasta después del confinamiento por el Covid-19, que a consecuencia de una lesión en un hombro empecé a ir al gimnasio y muchas cosas empezaron a cambiar. Adquirir mayor fortaleza física y sentirme cada vez más capaz de un entrenamiento más exigente, me dio la autoestima suficiente para enfocarme en mis patrones mentales. Me di cuenta que los pensamientos y sentimientos eran pura energía y que debía empezar a estar más atenta a ellos si quería un cambio.
La toma de responsabilidad sobre mi vida y lo que me estaba ocurriendo, fue decisivo. Ahora tenía la fuerza para comprometerme conmigo misma. Ahora estaba dispuesta a hacer lo que hiciera falta para salir del escollo en que había vivido tanto tiempo. Ya estaba harta de mi estancamiento, de mi anestesia, por fin me negaba a seguir sucumbiendo. Y me di cuenta que algunos síntomas iban desapareciendo como el síndrome premenstrual y la cefalea.
La dieta anticandidiasis también supuso un antes y un después. La diferencia era clara. Desaparecieron los picores, enrojecimientos y dolor vaginal. Desde la primera semana ya pude notar sus beneficios. Ahora podía restablecer mi equilibrio e ir incorporando otros alimentos a mis platos.
Pero aún me faltaba cuadrar la pieza del puzzle más importante: ¿Qué era lo que generaba en mí esta desarmonía que solo aparecía cuando estaba en pareja? El sentimiento de dependencia. Cuando estaba en pareja, sin darme cuenta dejaba de prestar atención a mis necesidades y deseos para priorizar siempre los del otro. Y si teníamos deseos diferentes y mi pareja cumplía los suyos, me sentía abandonada, no tenida en cuenta. Esto me causaba mucho dolor, supongo es un sentimiento que tiene su origen en mi infancia, pero este es otro tema. Hasta que no fui consciente de este sentimiento, no pude transformarlo.
Me sentía incapaz, frágil, débil, con la idea de que otros me tenían que cuidar, que no podía sola con las cosas,… Mi discurso mental y mis creencias no me ayudaban en nada, me quitaban mi poder personal y no me dejaban avanzar, crecer ni disfrutar.
¡Gracias Candidiasis, me has cambiado la vida! Me has obligado a cambiar mi dirección. Me has enseñado a ser fuerte e independiente, perseverante y disciplinada, a cuidar de mí y a pensar por mí misma, a trabajar en mis metas y propósitos, a no rendirme nunca y a hacer lo que haga falta para cumplir mis sueños. Durante muchos años te creí ajena a mí, ahora sé que eres la parte que no quería ver.
Ahora soy una persona nueva que sabe que el cambio es la única verdad del Universo. Quien no se desarrolla y crece se estanca; y por eso se enferma. Eso es ir en contra de una Ley Natural.
Ahora me dedico a ayudar a mujeres que padecen de candidiasis vaginal a reconectar con su valor personal para que puedan disfrutar de vidas independientes y sanas.
Isabel Hernández.
-Contribuir para que la candidiasis vaginal deje de ser un problema para muchas mujeres.
–Aportar esperanza y apoyo a mujeres que padecen candidiasis vaginal.
-Dar a conocer mi aprendizaje para servir de inspiración a otras mujeres.
–Motivar y acompañar a otras mujeres a buscar su propósito de vida para sentirse plenas.
–Que la mujer se empodere y tenga su propia voz.